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Hay dos formas de conocer a Sofía: en persona o a través de Internet. La Sofía de carne y hueso -24 años, mulata, diminuta y muy delgada- entra en una de las cafeterías de la cadena Faborit del centro de Madrid con su portátil bajo el brazo. Pide un zumo y dos cruasanes. Después abre el ordenador, el lugar donde reina y mora su yo virtual. Que, parafraseando a Martes y Trece, es lo mismo pero no es igual.