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Muchos dicen que existe un prejuicio instalado frente a la marca “cine chileno”. De hecho, fue un abierto debate entre tres directores nacionales hace unos meses. Lo cierto, es que como nunca el cine realizado en Chile o que al menos tenga alguna participación en la producción había sido tan abundante, pero a la vez, tan malaventura a la hora de sumar audiencia dentro de sus fronteras. Otros aluden que hay una mala estrategia marketera antes de estrenar, o que este fenómeno se debe finalmente a que el público en realidad prefiere ver un cine grosero que lo hace reír más. No logra identificarse con las historias que nacen desde sus propios rasgos identitarios, denuncian otros. Curioso sí, es que ya no se levantan voces contra la crítica especializada. Como sea, el destino al que parece enfrentarse el cine hecho en Chile es el de triunfar afuera y ser visto por algunos curiosos o más de alguno desprejuiciado.