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"Volvieron a simular que me ejecutaban y protesté; les pregunté por qué lo hacían y entonces fue cuando... me violaron", relata Ibrahim Sharifi, uno de los miles de detenidos en las protestas que siguieron a las últimas elecciones iraníes. Sus palabras respaldan la denuncia del dirigente opositor Mehdi Karrubí, a quien los ultraconservadores quieren juzgar por libelo. "Cuando te pegan, te ofenden, simulan ejecutarte y tú resistes, utilizan ese método como último recurso para humillarte y destruirte", explica Sharifi, la única víctima que ha aceptado hablar en público de su caso.