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Las políticas macroeconómicas de inspiración keynesiana han constituido uno de los elementos esenciales del Estado del bienestar. Por tales cabe entender las distintas políticas que, en general, persiguen objetivos macroeconómicos básicos y contribuyen a amortiguar los movimientos cíclicos de la economía, aunque más en concreto se han identificado habitualmente con las políticas fiscales de regulación de la demanda agregada. Este tipo de políticas, desde su aparición hasta mediados de la década de los sesenta del pasado siglo, proporcionaron un paradigma central para los macroeconomistas. Sin embargo, a partir de mediados de los años sesenta, el paradigma keynesiano fue rechazado por un gran número de economistas académicos, especialmente en Estados Unidos, a favor de la nueva economía clásica. No obstante, ya a finales del siglo XX el pensamiento keynesiano volvió a resurgir. Los datos proporcionados por los años setenta no apuntaron refutaciones contundentes del paradigma keynesiano, y la capacidad de la nueva macroeconomía clásica para expresar adecuadamente la realidad se mostró extremadamente pobre.